He finalizado la lectura del último libro de Risto Mejide: #ANNOYOMICS, el arte de molestar para ganar dinero.
Se puede resumir en dos palabras: «molestar vende», pero frente a esta aparente simpleza el libro en mi opinión tiene un calado mayor. Se podría deducir de su lectura que limitarse a ser un maleducado y grosero sería suficiente para lograr éxito, pero detrás está mucha inteligencia y sobre todo exigencia o mejor auto exigencia.
Estamos acostumbrados ya a ver en «Tu sí que Vales» (en su momento también OT) a Risto criticando ferozmente al los participantes como si su simple objetivo fuera llamar la atención y ser el centro de todos los comentarios del día siguiente (en el libro incluso lo afirma). Si nos paramos a analizar tanto su comportamiento como el contenido de su libro, veremos que se trata simplemente de «listones altos», de un grado de exigencia fuera de lo habitual.
Escuchaba a una socióloga alemana hablar como de una educación ultra rígida de principios del S. XX había llegado a imponerse el nazismo sin solución de continuidad, sin apenas rechazo social (ver La cinta blanca, por ejemplo), a un siglo XXI en que la educación es poco exigente, casi rozando el nivel de adolescente. Padres que excusan el mal comportamiento de los hijos, sus malas notas, que defienden que no tengan obligaciones sociales. Jóvenes que no asumen responsabilidades ni admiten obligaciones. Mayores y jóvenes participando de la decadencia actual.
Risto se transforma en la Señorita Rottenmeier: sube el listón de disciplina, de exigencia, de excelencia y eso choca. Artistas que se presentan sin apenas sacrificio pretenden alcanzar la gloria sin esfuerzo. Natural que reaccione en muchos casos de forma cruda. A muchos seguro servirá para retomar con mayor exigencia su meta, a otros les habrá ayudado a dejar de perder el tiempo y poner los pies en el suelo y dedicarse a algo de más provecho.
Todos deberíamos tener un Risto en nuestras vidas, que nos diga con crudeza cómo nos acomodamos, aburgesarse se decía antes, entramos en la zona de confort, de cloroformo, y perdemos la capacidad de auto-crítica, de exigirnos más, de quejarnos menos, de trabajar más, de estudiar más, de consentir menos las pamplinas de los demás.
Vivimos en una sociedad que en realidad es mediocre en general, y ni es consciente. La decadencia actual es solo consecuencia de ese conformismo ramplón, que no valora el esfuerzo, el trabajo, la constancia, que busca solamente los placeres mundanos, el hedonismo.
En la política abunda: cargos sin formación ni experiencia, mediocres ascendidos a dedo, sin un nivel de auto-exigencia, sin capacidad de crítica. Empresarios que se limitan a repetir día tras día su actividad sin querer más, sin buscar la excelencia, sin visión critica y que cuando su competencia les supera no sirve ni de acicate para cuestionarse su modelo de negocio, echando la culpa al gobernante de turno.
Y por este conformismo de bajo nivel, molestar vende, porque provoca heridas, porque tiene el mismo efecto que una traca de madrugada: despierta, espabila y preocupa.
