Vanidad

A veces, en el silencio de la noche y en la soledad del campo contemplo la luz de las estrellas intentando descubrir una sola razón que nos permita comprender por qué los seres humanos somos tan sensibles al orgullo y la vanidad.

Insignificantes en medio del universo, miramos el mundo que nos rodea a través de nuestros ojos, como si ellos fueran los únicos capaces de reconocer el orden de las cosas.

Ambicionamos el éxito profesional, perseguimos el reconocimiento de los demás, modelamos sonrisas multiusos y nada ajeno nos complace.

Hoy, domingo como tantos del mes de abril, confieso que estoy harto de buscar una meta de vanidades y halagos de espuma y caparazón.

Estoy cansado de una lucha estéril que nos conduce a ser mejores que el otro en una afán de competencia vacua.

Ni el triunfo me seduce ni la victoria sobre nadie me tienta. Me cansan vanidades, halagos y mentiras de una vida sustentada en dogmas desmontables. Pero las luces de la ciudad no me permiten ver la luz de las estrellas.

Eduardo Galán Publicado en su sección Mirador en el diario ABC hace unos cuantos años.

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