Más perdidos que nuestros políticos

Quién ha hecho caminatas por el campo siguiendo un mapa, o por una gran ciudad de callejas, sabe que una decisión errónea en un momento dado solo es el principio de una serie de errores que solamente son observados al cabo de muchas horas. Al final, el tiempo que se tarda en corregir el camino es mayor y más duro.

Eso es lo que pasa en España cuando nuestros políticos legislan y cuando muchos jueces aplican bajo el amparo de la "estricta aplicación de la ley" cuestiones relativas a los menores y su educación.

Empezamos con leyes educativas cambiantes (no daba tiempo a aplicar una cuando ya se solapaba con la siguiente), después con la despenalización de delitos a menores, ahora con las diferentes sentencias contra padres por castigar a sus hijos.

Sin embargo, el número de hijos que maltratan a sus padres aumenta año a año. Las voces de profesores desde los colegios e institutos pidiendo una mayor severidad en la educación de los niños por parte de los padres es cada vez mayor. Y todo ello  sin mencionar la mayor regulación de la vida privada y de la libertad de los ciudadanos (ausencia de los padres en decisiones de sus hijos menores de edad para poder abortar por ejemplo).

Seguiremos errando el camino hasta comprobar alguna década después que es necesario volver a desandar lo andado.

Lo malo es que esos errores lo pagarán padres e hijos y la sociedad. Nuestros políticos y muchos jueces habrán estado cobrando su nómina a pesar de haber sido esos guías.

Puede que haya aún esperanzas:

«No es bueno que los tribunales se metan a pedagogos. Al final los padres pueden depender
de la pedagogía que cada juez imponga, de la denuncia de un maestro o hasta del propio hijo. No es muy acertado que con unas generaciones
cada vez más desbocadas, los poderes públicos se metan en un terreno tan privativo de los padres o lancen ideas que pueden mermar aún más su autoridad».

José Luis
Requero
, magistrado de la Audiencia Nacional y ex vocal del Consejo
General del Poder Judicial

Leído en ABC: Del cachete al banquillo.

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